CABUDARE,
BUCOS Y MAMEYES
Carta al Niño Jesús cabudareño
Américo
Cortez
Cronista de
Cabudare
Querido niño Jesús:
Mi madre siempre me
dijo que primero debía pedirte por los demás. Pues haciendo caso a mi mamá,
quiero que logres la paz del mundo y eso solo será posible si las armas
nucleares son desactivadas, pero todas, que no quede ninguna. También quiero
que todos los niños del mundo sean felices, y eso será cuando el hambre y la
miseria no existan en ningún hogar. Que no exista explotación y esclavitud
laboral. Debemos cuidar nuestro ambiente. Debemos dejar de contaminar y
trabajar juntos por el respeto al planeta. Además ilumina el pensamiento de
nuestros gobernantes para que hagan feliz a nuestra patria.
Ahora, si puedo
empezar a pedirte por mi pueblo, que es el tuyo.
Es necesario que los
vecinos respeten las normas de convivencia, que no boten la basura en la calle,
que arreglen los botes de agua en sus casas. Si todos colocamos nuestro pequeño
esfuerzo, tendremos una mejor ciudad. Por supuesto la convivencia ciudadana,
convertida en alma y corazón, día a día, ayudará a la construcción del
Palavecino que queremos.
Hay tantas cosas que
quisiera, que son milagros que tu no podrás cumplir y no es que no crea en tu
poder, pero de no ser así, pido por las almas de tanta gente que hicieron
felices a los cabudareños, también a mi.
Ah, como quisiera
comer de nuevo unas alfajoras de Juan Tista o sus biscochos cabudareños,
salidos de aquel desvencijado horno y que traía todo el amor que tenia por
Cabudare, manifestados en la gloria de comerlos.
Ah, como quisiera
tomar la avena de Simón Valera, que eran el premio cuando era monaguillo y
salíamos todos en carrera a su negocio, frente a la plaza Bolívar, en la vieja
casona que fue en el siglo XIX de la casa de gobierno de Cabudare. Aún es
secreto bien guardado. La mejor avena del mundo.
Ah, como quisiera
bañarme de nuevo en los bucos que regaban los sembradíos de caña y comer
sentado, bajo los árboles: mangos, tamarindos, mamones, jobos y mameyes que
“robábamos” de las haciendas del cañamelar cabudareño.
¡Ah mundo! un paseo
a los pozos de Tabure, con sus aguas frías y cristalinas, donde nos sentíamos
dueños del mundo.
Ah, los viajes a
“Los Cristales” o a Terepaima con Enrique Perláez, en aquella camioneta roja y
negra. Todo un acontecimiento para conocer los espacios que llevo en el
corazón.
Ah, mi querida
escuela artesanal con los juegos de pelotica de goma que eran para mi como una
serie mundial.
Ah, los juegos de mi
primer beisbol, en el campo del “Borinquen” y de la “Fortunato Orellana”, todos
los domingos. Salíamos desde el abasto La Ceiba, el de Pastor, con el equipo de
guantes y aperos que él guardaba con celo.
Ah, los juegos clase
“A” en el estadio “Terepaima”. Ver a mis primeros héroes deportivos: los Rojos
de Zanjón Colorao, el Juáres de “Frasco e leche”, el equipo del Central Turbio,
los Caciques de La Piedad, el Victoria de Los Rastrojos, el Terepaima de Pedro López.
Ah mundo, son tantas
cosas y sé que aunque no me puedas volver a esa época, harás que vivan en mi
corazón por siempre. Por lo demás solo pido salud para todos y un deseo infinito
de alegría y prosperidad para mi pueblo. Sé que no me vas a fallar.
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Los pozos de Tabure, la gloria. |
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Comer las frutas de las haciendas, todo un placer. |
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La avena de Simón Valera, en la esquina de Juan Bravo. |
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Las alfajoras de Juan Tista. Lo más cerca del cielo que pude llegar. |




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