lunes, 9 de mayo de 2016

MAS ANÉCDOTAS DE COCHÉ ROJAS

CABUDARE, BUCOS Y MAMEYES

Más anécdotas de “Coché” Rojas


Américo Cortez
Cronista de Cabudare

Por haber comprometido mi palabra con mis paisanos cabudareños y sufrido un percance con mi computadora donde preparo esta columna, decidí cumplir por anticipado la segunda entrega del “Anecdotario y Humorismo cabudareño Vol. III” de Francisco “Coché” Rojas. De esta manera me obligo próximamente a montar el blog con la obra de este gran cabudareño, hombre público, que siempre llevó a su pueblo en el corazón, desde los cargos públicos que ocupó, en la educación como maestro y como hombre de a pie y que se reunía en las tardes en la Plaza Bolívar de Cabudare, donde formó parte de “Los Guardianes del Libertador”, especie de patrulla de la plaza, que compartían anécdotas, recuerdos y sobre todo atentos a guiar a los niños y jóvenes que pedían explicaciones sobre Cabudare. A continuación dos anécdotas, hechos reales que sucedieron en el Cabudare que conoció Coché. De nuevo valoramos las caricaturas de Justo Pino realizadas para el Anecdotario.

¿USTED OYO?

Héctor Rojas Meza, desempeñaba el cargo de Juez del Distrito, por su competencia se le confió varias veces, así como otros cargos, tanto municipales, estadales o nacionales, en los cuales demostró conocimientos, eficiencia y capacidad. Los jueces de su jerarquía, tenían la obligación de visitar todos los meses las cárceles donde se recluían a los penados, compromiso un tanto delicado y expuesto para quienes, precisamente, les correspondía dictar las sentencias, pero el deber manda y hay que cumplir. Se tenía que remitir información de la situación de los detenidos. Acompañado de su joven Secretario Eurípides Ponte Hernández, llegaron a la cárcel, abrieron el Acta correspondiente y dieron comienzo a su recorrido. Desde muy adentro salía una voz gruesa y fuerte, que decía: “Don Héctor pendejo, pendejo, don Héctor”. Siguieron su recorrido, la voz seguía en el ambiente, concluida el Acta, ya para irse, Eurípides le pregunta “Don Héctor, ¿usted oyó?. A lo que el sabio cabudareño contestó, casi sin inmutarse “Si escuché, lo que pasa es que yo sé lo que soy, pero nadie me lo había dicho”. Se retiró sereno y tranquilo como si nada le hubiese ocurrido. Era su filosófica manera de tomar las cosas, sin magnificar las simplezas.

EL ESCAPE DE “EL JINETE ROJO”


Eran las nueve de la noche, se encontraban limpios, sin nada de dinero y en las calles de Barquisimeto. “Es muy tarde, tenemos que irnos a Cabudare” le dice San Álvarez a Román Santeliz, quien era conocido como “El Jinete Rojo”. Llegaron hasta la plazoleta del teatro Juáres, donde había carros de alquiler. “A la orden” les manifiesta el chofer de guardia. “Llévenos a Cabudare” le respondió Román. Llegaron hasta el Bar Restaurant “La Morenita”. Román, muy solicito invita a tomarse una cerveza, incluyendo al chofer. Ubicados en la mesa pide el servicio e indica al mesonero, atender la mesa mientras él regresa del baño. San y el chofer se quedan disfrutando de sus cervezas, mientras Román por la parte trasera se marcha hacia su casa. El chofer se pone nervioso, salen en busca de Román, al cual lógicamente no consiguen. El conductor pide a San que le pague la carrera, quien dice no tener dinero. Se establece una discusión, se van a las manos, interviene la policía se llevan preso al chofer, a San y detienen el carro. Al rato sueltan al chofer y su carro. A las ocho de la mañana, sueltan a San. Cuando va frente a la iglesia de Cabudare Román le grita “compadre San, ¿cómo amaneció?” y San le contesta “ese compadrazgo se acabó. Usted es un desgraciado, me abandonó, con un compadre así se va fácil al infierno, hasta preso amanecí, no me trate más” y se retiró francamente disgustado. Dos días después, entre un grupo de amigos comentaban todo lo sucedido a San, su pelea con el chofer, su noche en la policía y el escape de Román o “El jinete rojo” después de una noche, para San, de pesadilla inolvidable.



Don Héctor Rojas Meza. Un cabudareño que ocupó a cabalidad diferentes cargos públicos. Hombre firme y correcto en sus apreciaciones, que nunca colocó ninguna condición a la amistad sincera.

¿Usted oyó?, fue la pregunta de Eurípides Ponte, secretario de don Héctor. Esta caricatura de Justo Pino es parte del "Anecdotario y Humorismo Cabudareño Vol III" que pronto publicaremos integro en el blog que estamos preparando de Coché Rojas.


Román Santeliz, conocido en sus años de mozo como "el jinete rojo", historia que contaremos en otra oportunidad. Protagonista de muchas anécdotas del viejo Cabudare.


San Alvarez tuvo que pasar la noche en la policía por la gracia de Román Santeliz.


Esta curiosa foto nos muestra a Eurípides Ponte y Coché Rojas entrando en la recien abierta iglesia San Juan Bautista, en el año 2.000, luego de "la restauración". Los dos cabudareños tuvieron problemas de entendimiento con el Padre Sánchez Belisario por la forma como se llevó la obra y esta fue la primera vez que entraron en la iglesia después de casi 11 años.


La estatua de la Plaza Bolívar de Cabudare. En esta plaza se pasaban tardes enteras "Los Guardianes del Libertador", especie de patrulla de plaza que orientaba a los niños y jóvenes en el comportamiento en este espacio. Coché Rojas fue uno de sus integrantes.

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