miércoles, 23 de diciembre de 2020

JUAN BRAVO. EL FILÓSOFO POPULAR

 

CABUDARE, BUCOS Y MAMEYES

 

Juan Bravo. El filósofo popular

  

Américo Cortez

Cronista de Cabudare

 

Es indudable que los pueblos y sus mayores son el resguardo de la memoria colectiva, de sus recuerdos, que en la mayoría de los casos solo pasa de boca en boca a través de los años.

Cabudare ha tenido la fortuna de contar con algunos paisanos dedicados a mantener vivo, con celo de monasterio, su historia chica: Julio Álvarez Casamayor, Eurípides Ponte, Carlos Guédez, Abundio Escalona y Francisco “Coché” Rojas. He tenido el honor de producir libros y videos de estos personajes. Todos ellos han depositado su confianza en mí, para tratar de mantener viva esa historia.

En esta ocasión coloco a su consideración tres anécdotas geniales, referidas a Juan Bravo, personaje popular, recopiladas de boca de protagonistas o testigos. A continuación, tal cual como me las pasó el recordado Coché Rojas.

Juan Bravo, distinguido personaje a quien Cabudare debe el reconocimiento de sus grandes virtudes. Fue guía y norte de los jóvenes de los años 40. Lo llamaban “el filósofo popular”, porque para todo tenía una salida genial, un ejemplo convincente, un consejo aleccionador. Era de pocas palabras, pero ellas pesaban un mundo, enseñaban, valían mucho. Su botiquín era el centro de reunión de los mayores, los adultos y adolescentes, sitio de cordiales tertulias.

UN METRO DE SUERO Una noche llegó un señor “prendido” y quiso hacerle una burla a Juan Bravo y le preguntó “¿Cuánto vale un metro de suero?”. Juan le contestó “15 Bolívares”. Desafiándolo, dijo el cliente “Aquí los tiene, deme un metro”. Juan tomó el dinero…regó en el mostrador una franja de suero, la midió, la raspó con un cuchillo, la envolvió y le dijo “aquí tiene su metro de suero”. El burlista se quedó asombrado, recibió su envoltorio y se marchó diciendo “este si me pudo fuñir, vende suero por metros”.

PELEA EN EL BOTIQUIN Un día, dos jóvenes muy apreciados, estuvieron tomando cerveza en una sala contigua al botiquín. De pronto todos los presentes se arremolinaron alrededor de la puerta que daba a la sala donde estos se insultaban en una forma muy grave, muy dura y se amenazaban de muerte. Juan Bravo apartó a los curiosos y cerró la puerta. Los testigos le decían a Juan que era una locura dejarlos solos porque podía ocurrir una desgracia, a lo cual él contestó: “El que va a matar no lo grita, lo hace”. Pasada media hora y calmados los que discutían y se insultaban, Juan abrió la puerta; allí estaban ambos, unidos en fraternal abrazo. Los jóvenes eran de apellido Yépez y Segovia, grandes amigos toda la vida.

¿QUE PARIÓ USTED? En las cotidianas tertulias en el botiquín de Juan Bravo, ubicado en donde hoy viven Alejandro Pérez y Adriana Escalona, ocurrían cosas muy curiosas. Había fallecido en Barquisimeto una cuñada de Héctor Rojas Meza, razón por la cual, cuando éste contertulio llegó, los presentes le dieron sus condolencias. Poco  tiempo después se presentó Ismael Rojas, que no era familia de don Héctor y que tenía un negocio de víveres y licores, que en ese momento tenía una época de brillante prosperidad. A don Ismael lo llamaban “Rojitas”. Este habitualmente decía que había padecido todas las enfermedades que se nombraban en las conversaciones. Al ver a don Héctor le abrazó diciéndole: “Tocayo reciba mi pésame, lamento mucho lo sucedido”, luego le preguntó “tocayo, de que murió su cuñada” y don Héctor le contestó “de fiebre puerperal”. Rojitas asombrado comentó “eso es muy grave, yo me vi al borde de la muerte con esa fiebre y solo Dios me salvó”. Juan Bravo que escuchaba le dijo “don Ismael ¿y que parió usted?, ¿varón o hembra?”. Rojitas le replicó “¿Por qué me hace esa pregunta Juan Bravo?”. Con la paciencia que le caracterizaba Juan Bravo le dijo “porque esa fiebre sólo le da a las mujeres cuando paren”. Rojitas mudó de colores y sin decir nada se marchó y no volvió por el botiquín sino después de pasados unos seis meses.

 

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La esquina de Juan bravo en la actualidad




La esquina de Juan Bravo en los años sesenta. A la derecha la misma casa de tejas donde estuvo el gobierno municipal hasta 1.909 y donde nació el Estado Lara el 29 de agosto de 1.881. Se observa, al lado izquierdo, la panadería "La Campiña", la primera panadería industrial de Cabudare, de principios de los sesentas. La foto fue tomada desde el campanario de la iglesia San Juan Bautista.

 

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